lunes, 14 de enero de 2013

Soliloquio de una sirena.

Paralizado por la belleza de esas palabras que salen tan delicadamente de ese ángel de indomable pasión, de repente temo el final de mi soledad. Como una vez fui un guerrero, ahora poéticos gritos son dueños de mi alma. He sido abandonado para luchar contra los despiadados peones de Eris. La esperanza la derribará bajo la espada mientras le canta a él.

El inadvertido sufrimiento dejará de estar en su mirada, pero él ya no lucha contra la tortura que es su voz. Mientras tanto, olvidado, estoy perdido en su mirada tan clara, a la vez que ella extrae su dolorosa mortalidad. Un alma ahora resuena con el suplicio de las sirenas. Él es suyo.

Preciosos suspiros dejan a uno tan bien... Encadena estas manos de años de lucha, líbranos de esta querida maldición. Un cuento épico de engaño nace de nuevo de labios plateados de forma malévola. Su lengua grita por él. Líbranos de esta maldición.

Fueron liberados hace tanto tiempo por el tonto capricho de Pandora, fantasmas que atormentarán a la debilidad de la humanidad para siempre. Las semillas del tiempo no incidirán en esos ojos. A la pálida luz de la luna ella canta al mar embrujado. Malvados acordes seducen al viejo Cerbero para que calme su sed impía.



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